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Las tres maletas con las que llegamos a una relación de pareja

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Con maletas me refiero a esas creencias, heridas, frustraciones o expectativas con las que llegamos a una relación y que determinan (o al menos condicionan) cómo nos relacionamos con la pareja.

Conocer esas maletas te dará la oportunidad de saber con qué equipaje podrás enfrentar el mal y el buen tiempo en tu viaje en pareja.

Todos esos  enseres, ropa, complementos, etc…, todo aquello que llevamos dentro de las maletas, lo hemos tomado o comprado en tres tiendas:

  • La familia y el contexto social
  • Las relaciones de pareja pasadas
  • Nuestra propia esencia

Vamos a ver cada una de esas maletas en profundidad. Entenderlas te ayudará a comprender por qué actúas como actúas y a vivir tus relaciones más libres de peso, con mayor comprensión y plenitud.

La familia y el contexto social

La fuente principal de la que bebemos y en la que forjamos nuestro autoconcepto, autoestima, modo de relacionarnos y el estilo con el que nos apegamos o nos mostramos en lo afectivo-sexual, es la familia. 

Según se han relacionado nuestros progenitores con nosotros y según ha sido la relación de pareja que mantenían y mantienen entre ellos, será nuestra forma de relacionarnos en pareja y en las relaciones vinculantes que establezcamos.

De la familia y del contexto social más inmediato y frecuente durante nuestra infancia y adolescencia extraemos las creencias y aprendizajes, que después usaremos como nuestro manual de instrucciones en las relaciones de pareja y en la vida en general.

Los valores que interiorizamos, sistemas de creencias, aprendizajes sobre lo emocional y relacional, etc…, nos acompañan en nuestras relaciones, manifestándose en los vínculos de pareja, muchas veces de forma automática e inconsciente. 

Predeterminan nuestra forma de actuar y de sentir, dificultando unas veces o facilitando otras el acople con la pareja.

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¿Te has sorprendido alguna vez tratando a tu pareja o a tus hijos de la misma manera que te trataba tu madre, por ejemplo? Una actitud que te habías prometido que jamás manifestarías porque la odiabas en ella.

No te preocupes porque hay esperanza…

Lo importante es que seas consciente de ello, es decir, darte cuenta de que eso ocurre y aceptes que se trata de una herencia. Si has heredado el pelo rizado de tu madre y no te gusta, no puedes hacer nada, pero si has heredado su forma de enfrentar los conflictos, por ejemplo, puedes elegir cómo afrontarlos desde una perspectiva y un sentir nuevo.

Esto es lo que te propongo hacer:

Lo primero

Deja de odiar y rechazar esa parte de tu madre/padre que también ves en ti y acéptala como parte de tus sombras.

Observa en qué situaciones en el ámbito de la pareja sucede con más frecuencia y cuándo sucede en otros contextos. Aprecia qué emoción activa, qué miedo despierta y qué creencia se dispara ante ello. 

Te dará muchas pistas para poder modular tu reacción y elegir tu respuesta. 

De la misma manera que puedes elegir alisarte el pelo cuando te apetezca, puedes actuar de un modo distinto cuando veas que tu comportamiento y actitud no es el deseable para ti.  

Lo segundo

Ten en cuenta que de ellos también has absorbido buenos valores que te están ayudando en la vida.

Haz consciente esas actitudes, formas de comportarse, creencias y valores que adoptaste de tus padres y que te parecen adecuados, útiles o incluso admirables, ¡y úsalos!, ¡poténcialos a favor de iluminar esas zonas más sombrías! Seguro que unos compensan a los otros.

Quizá tu madre se enfadaba con facilidad, pero tu padre era muy paciente. Quizá tu padre era más reservado en lo emocional, pero tu madre sabía escuchar y empatizar. Coge todo ello y ponlo a tu favor

Supongo que te estarás preguntando sobre esas figuras y entornos de los que también sientes que has modelado conductas o de los que arrastras heridas emocionales que condicionan tus relaciones.

Por ejemplo, aquel profesor muy exigente que te trataba mal o te humillaba cuando no sabías algo. Piensa durante unos instantes, ¿cuál es la creencia que desarrollaste a raíz de ese trato? Quizá:

  • Soy tonto.
  • No soy capaz.
  • Nunca acierto con lo que digo.
  • Etc.

Ahora recuerda cuándo fue la última vez que te sentiste así o pensaste algo de ese tipo en tu relación de pareja. Por ejemplo: Te lanzaste a elegir por tu cuenta el color de la habitación que ibais a pintar tu pareja y tú, y a él o ella no le gustó y te lo expresó. 

¿Pensaste que te estaba acusando de ser tonto o incapaz de elegir con gusto el color de una habitación? ¡Pues ahí lo tienes! ¿Crees verdaderamente que tu pareja piensa de ti que eres un incapaz a raíz de la elección de un color? Visto así, seguramente responderás que no. Solo es fruto de las “conclusiones emocionales” extraídas de acontecimientos pasados que influyen en tus comportamientos, pensamientos y sentimientos presentes.

Lo tercero

Revisa esas creencias que aparecen de forma automática y relaciónalas con las situaciones presentes en las que brotan de forma más habitual.

Si estás atento, puedes ponerle consciencia y evitar el comportamiento reactivo que traen consigo, por ejemplo: decirle a tu pareja que nunca más vas a implicarte en nada que tenga que ver con la decoración de la casa y que a partir de ahora se va a encargar él/ella de todo. 

Puedes variar tu respuesta y expresarle que te has sentido mal por no haber coincidido con sus gustos, y que le propones que las cuestiones de decoración de la casa prefieres atenderlas de forma conjunta. A tu modo y con tus palabras, pero recuerda que tu pareja no es la responsable de las inseguridades y creencias que se generaron en ti a raíz de un profesor severo.

¿Qué tal si para acabar con este punto hablamos un poco de cine, de películas, de novelas…? Creo que ya me estás pillando por dónde voy, ¿verdad?

La mayoría afirmamos que ya no creemos ni vamos buscando príncipes azules ni historias románticas. Pero imagina a tu mente, tu corazón y tu inconsciente permanentemente bombardeados con anuncios, películas de cine, series, cuentos infantiles, etc…, en los que se proyecta una idea y forma de vivir el amor idealizada y en demasiadas ocasiones irreal

Esas historias creadas al otro lado de la pantalla o plasmadas en libros y cuentos, están cargadas de estereotipos y patrones de relación que posteriormente es complicado acoplar a una relación de carne y hueso con protagonistas reales. 

A costa de repetición, de imágenes edulcoradas, de fotogramas ideales y perfectos nuestro inconsciente va dibujando la expectativa sobre el amor y las relaciones de pareja. Y aunque pensemos que no, acabamos interiorizando en mayor o menor medida todas esas leyendas y comedias románticas, y quizá no todo, pero sí parte lo acabaremos volcando en nuestro esquema de cómo debe ser y cómo debe comportarse nuestra pareja.

Revisa tus ideales y expectativas y contrasta las veces que te has frustrado con la realidad por no ajustarse a ellos.

Las relaciones de pareja pasadas

Otra maleta con bastante peso son las relaciones de pareja pasadas. Tanto si de estas acumulamos experiencias positivas como negativas, ambas determinan cómo abordamos relaciones presentes y futuras.

¿Te parece que comencemos por hablar de cómo te condicionan las experiencias pasadas positivas que has podido vivenciar en otra relación de pareja? 

No sé si te habrá sorprendido leer que lo positivo también nos condiciona, es decir, que crea expectativas de determinado cariz que posteriormente buscamos vuelvan a cumplirse. 

Te pongo un ejemplo bastante frecuente, por cierto: comparar las sensaciones, emociones y pasión sentidas con el primer amor respecto de lo que sientes con tu pareja actual. Lo vivido con tu primer amor (que suele darse a edades tempranas) no va a volver a reproducirse

Esos sentimientos eran producto del revoltijo hormonal, del enamoramiento y de la intensidad con la que se vive un primer amor. Y es genial haber disfrutado de una experiencia así, pero esperar sentir las mismas mariposas en el estómago con tu pareja actual, probablemente sea difícil. 

No se puede replicar tal pasión y el problema está en que ponemos de referencia ese tipo de sensaciones como la señal de que esa persona es la adecuada, la persona ideal o el gran amor.  

Puede parecer sorprendente y todos entendemos racionalmente que lo oportuno no es desarrollar una expectativa así. Pero he comprobado más de una vez en mi consulta las dudas que se despiertan en las personas cada vez que comparan los inicios y tipo de enamoramiento que tuvieron con su actual pareja, respecto de su primer amor o respecto de otras relaciones en las que sintieron con mucha intensidad. Esas dudas surgen aun cuando la relación actual goza de mucha más calidad que la que resultó del primer amor o de relaciones pasadas. 

Una vez más confundimos pasión con verdadero amor. La pasión brota, pero el amor se construye

Lo que te dará una respuesta más acertada ante esa comparación entre tu pareja actual o la más reciente y tu primer amor o relación más intensa, es revisar el grado de afinidad, los sentimientos, la comodidad en la convivencia, la confianza y calidad en la sexualidad y en la comunicación de la que disfrutas con tu actual pareja.

Esos son los pilares de una relación de pareja sana.

Porque si disfrutas de unas bases bien construidas en tu relación, eso sí que es amor verdadero. Las mariposas vuelan, unos buenos pilares perduran

Foto de Andrea Piacquadio en Pexels.

Te doy una buena noticia: cuando existe una buena relación de pareja la pasión y el deseo van incluidos. ¿Lo ves? ¡Tu relación de pareja actual, si es una relación sana, no tiene nada que envidiar a esas mariposas del primer amor!

Y después del primer amor, vino el segundo o el tercero…, o relaciones pasajeras. 

Puede darse el caso de que esas historias pasadas permanezcan inacabadas, tanto en la mente como en el corazón.

Son historias a las que quizá no supimos darles un final o despedirnos adecuadamente y con ello aún están despiertas. 

Esas historias forman parte de un pasado, pero se corre el riesgo de comparar la relación actual con lo vivido con ex parejas o aventuras de verano. Esa idealización de una aventura pasional y exótica que todavía recuerdas… esa ex pareja con la que mantuviste una bonita relación y te abandonó… 

Si se da el caso nos enfrentaremos a soltar el pasado. Hazlo escribiendo una carta, aunque no llegues a entregarla y quémala. O si lo ves imprescindible, llama a esa persona y zanja lo que tengas que zanjar, pero no sigas manteniéndola en tu vida desde un imaginario. 

Pasamos ahora a hablar del condicionamiento que se origina por experiencias negativas.

En este caso nos enfrentaremos a corazones cerrados y con tiritas, a recelos, desconfianza y desilusiones. Por eso es tan importante dejar pasar un tiempo después de un abandono o ruptura de pareja, para poder realizar el duelo y extraer el aprendizaje oportuno. De esta manera descargaremos la maleta de aquello que no es útil para el nuevo viaje.

A veces el miedo a la soledad, la carencia y la dependencia emocional, hacen que las personas se precipiten y entren en una nueva relación con la maleta demasiado cargada de dolor y heridas no curadas aún. 

Si has estado de vacaciones en la playa durante 15 días y de seguido coges un vuelo de avión para irte a escalar el Everest, es evidente que no te sirve el mismo equipaje. Lo lógico sería pasar por casa antes, parar unos días, lavar la ropa, seleccionar qué te servirá para la nueva aventura y coger lo adecuado. 

Esto es muy evidente, pero cuando nos vamos de viaje a una nueva relación con la ropa sucia e inadecuada en la misma maleta, no es tan fácil de ver. 

Nos saltamos el duelo y también la reflexión y presencia que son necesarios para extraer un aprendizaje de lo vivido en la relación.

Cuando se viaja tan rápido de una relación a otra, es habitual que se despierten memorias y fantasmas que no corresponden con la relación actual. Heridas, inseguridades, culpas, desilusiones o incluso traumas sufridos en relaciones pasadas, aún están activos. Y lo que sigue vivo y activo continúa reaccionando a destiempo, a deshora y con la persona que no corresponde y que tiene que lidiar con la ropa sucia de otro viaje y de otra maleta que no es la propia de la relación presente.  

Haber sufrido una infidelidad, o engaños y mentiras con la expareja, provoca desconfianza, con ello mayor inseguridad y como resultado celos.

Haber sufrido el desprecio, la humillación y la descalificación, afecta seriamente a la autoestima y provoca complejos. La reacción que se genera es la de dependencia al reconocimiento y el halago, o incredulidad y falta de merecimiento ante este tipo de manifestaciones.  

Podríamos enumerar otras muchas heridas, pero te propongo que llegado este momento te pares a reflexionar sobre si actualmente tu pareja se está comportando como tu expareja o lo que estás viendo y sintiendo verdaderamente son fantasmas.

Vivimos con nuestra mente anclada en el pasado y lo que fue, o proyectada en el futuro y lo que nos gustaría que fuera.

Lo importante es ser conscientes del peso de las experiencias pasadas y de cómo determinan nuestros comportamientos, creencias y modo de relacionarnos en el presente. Lo que se ve y se saca a la luz se puede afrontar. Lo que queda oculto e invisible para la consciencia sigue actuando de la misma manera, pero no nos damos cuenta.

Nuestra esencia

¿Qué es nuestra esencia? Probablemente, nos estemos haciendo una pregunta bastante profunda y transcendental.

Nuestra esencia es lo que queda cuando dejamos atrás aquello con lo que nos identificamos y que es heredado, cuando nos liberamos de los condicionamientos por experiencias pasadas de los que hemos hablado en los apartados anteriores y cuando aparecen nuestras potencialidades al superar las heridas emocionales.

Diferenciarás tu esencia de comportamientos propios que pueden ser condicionamientos por heridas, carencias o modelaje de tus progenitores, porque lo primero se da por consciencia y se trata de respuestas elegidas, y lo segundo se da de forma automática y reactiva sin que tengas dominio sobre ello.

Nuestra esencia es lo que somos en estado puro, lo que somos cuando nos quitamos las capas de complejos, inseguridades, limitaciones, creencias adquiridas, condicionamientos pasados… y comenzamos a ser conscientes de nosotros y nuestro interior más auténtico, aprendiendo a escucharnos y responder ante la vida de forma elegida y empoderada. 

Nuestra esencia está más cerca de la intuición que de la lógica determinada por esquemas externos. 

Es esa voz que nos guía y nos orienta a pesar de la opinión de los demás, a pesar de los miedos, a pesar de los cánones sociales.

Nuestra esencia es capaz de despedirse de la herencia familiar para recorrer su propio camino y de esta manera sentirse más cerca de ella y no atada, peleada o en deuda.

Es la que acepta los devenires de la vida como llegan, y aprende y avanza desde la apertura y la no resistencia.

Nuestra esencia es lo somos cuando escuchamos nuestro propio silencio. 

Cuando dos esencias se encuentran en el universo de la pareja y deciden viajar juntas con sus maletas, surge uno de los mayores retos, el de aceptarse tal y como son, con esa forma y modo, con ese color y tacto, con ese olor y voz única.

Y cuando no pretendes cambiar la esencia del otro estás más cerca de aceptar tu propia esencia, más cerca de permitir al otro y permitirte a ti mismo ser quien eres sin exigencias y condicionantes.

Un viaje con maletas demasiado pesadas y cargadas de enseres inadecuados, hacen el camino más incómodo, difícil y poco divertido. 

Un viaje con maletas ligeras y enseres renovados nos lleva hasta lugares y paisajes auténticos y emocionantes, nos lleva hasta pueblos y ciudades pendientes de descubrir y disfrutar.

Revisa tu equipaje y elige destino, porque nos vamos de viaje a tu esencia, el lugar desde el que podrás disfrutar de tus relaciones y de tu vida con plenitud, consciencia y felicidad.

¿Quieres disfrutar de mayor bienestar y de mejores relaciones contigo y con los demás?

Foto de portada: Ketut Subiyanto en Pexels.

Soy Blanca, psicóloga y terapeuta transpersonal, especializada en terapia del inconsciente. Te ayudo a crecer superando las heridas emocionales y conectando con tu sentido de vida, para disfrutar de mayor plenitud y consciencia.

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