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Qué buscar en una pareja: tú tienes la llave

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Tantas canciones, tantas películas de cine, tantas novelas románticas y tantos poemas escritos alrededor de eso que llamamos amor… y al final ni siquiera sabemos qué buscar en una pareja.

Las relaciones afectivas nos traen muchos quebraderos de cabeza, mejor dicho, quiebres de corazón.

Si te estás preguntando qué hay que tener en cuenta a la hora de elegir pareja, estás en el lugar adecuado. De eso quiero hablarte en este post: de cómo elegir pareja, de cómo evitar equivocaciones y relaciones no sanas, y de cómo escoger de una forma consciente y madura.

Vamos a por ello.

Nada anda mal con el amor, tu elección es lo más importante.

Son demasiadas las estadísticas que nos hablan de la cantidad de divorcios que se dan cada año. Según los datos del Instituto de Política Familiar (IPF), 7 de cada 10 matrimonios se separan.

Son muchas también las infidelidades que vemos a nuestro alrededor (o incluso que sufrimos o que cometemos), el cúmulo de decepciones que arrastramos con distintas personas o esas parejas a las que vemos en continuo conflicto o sencillamente apagadas.

Demasiado de todo esto y de otras tantas “catástrofes” más, nos hacen creer que algo anda mal en el amor. Nada anda mal con el amor.

El amor no puede ir mal, no puede ser defectuoso, porque el amor es un valor esencial, es un estado del ser.

Somos nosotros los que lo practicamos inadecuadamente. Y no me refiero ahora a la práctica y ejercicio del sexo-amor (eso lo dejaré para otro post), me refiero a que el amor nace de nosotros y es nuestra responsabilidad manifestarlo y acogerlo adecuadamente.

Pero, ¿sabemos hacerlo? En muchos casos y en muchas ocasiones, no. De hecho, ya desde la elección de la pareja podemos estar poniéndonoslo muy difícil para construir y mantener una buena relación de pareja.

¿Qué es lo más importante en una relación de pareja?

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A la hora de establecer un buen criterio para seleccionar pareja, es esencial tener muy claro qué es lo más importante en una relación amorosa.

Nos dejamos llevar demasiado por la atracción, el deseo, el placer, aquello instantáneo que captamos del otro y que al comienzo nos entusiasma, y pasamos por alto aspectos fundamentales como por ejemplo la comunicación y la afinidad.

Que desde el comienzo encuentres dificultades para entenderte con esa persona que estás conociendo y te veas esforzándote en las conversaciones, no es una buena señal. 

Como tampoco lo es que tengáis gustos y aficiones opuestos, aunque penséis desde la euforia del comienzo que es algo salvable. No lo es y os puede generar muchos problemas de compatibilidad y convivencia

En esa elección de la pareja no puedes olvidar lo importante de la confianza y que la otra persona te inspire fiabilidad y coherencia, por aquello que transmite, por cómo vive, por sus valores, por su ética…

Otro error es conocer a alguien y que desde el comienzo no te guste su físico o no te atraiga demasiado, pero sigas adelante con la relación minimizando la importancia de la atracción sexual o pensando que un día brotará o aumentará el deseo. La pasión no puede dirigir en exclusiva la elección de una pareja, pero debe estar presente para que una relación de amistad no se disfrace de amor.

Y si desde el comienzo son frecuentes las discusiones y los conflictos y van cargados de faltas de respeto, acciones dañinas y límites que se quebrantan con facilidad, es mejor que te replantees seriamente esa relación.

No sabemos qué buscar en una pareja y nos olvidamos de lo más importante.

Nos olvidamos de poner nuestra atención en sentir comodidad relacional, es decir, en compenetrarse fácilmente, sin demasiados obstáculos ni resistencias. 

Sentirse en confianza, pudiendo mostrarse y expandirse, ser uno mismo, sin tensión ni condiciones. La relación y la vida con esa persona debe ser cómoda, gratificante y satisfactoria.

Y esto no quiere decir que no surjan problemas, por supuesto, pero solucionar un conflicto con una persona con la que te comunicas bien, en quien confías y basándose en el respeto, es mucho más fácil y además fortalece la relación.

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Tu inconsciente elige tu pareja

El 95% de las decisiones son inconscientes y responden a impulsos básicos del cerebro. Así lo asegura el doctor Gerald Zaltman, miembro del comité ejecutivo de la Facultad de Comportamiento, Mente y Cerebro de la Universidad de Harvard.

Ese porcentaje y esas decisiones de las que hablan muchos expertos, no solo se aplica al ámbito de compra dentro del neuromarketing, por ejemplo, sino que la elección de la pareja está igualmente influenciada por nuestro inconsciente.

De hecho, de la misma manera que pensamos que las decisiones tomadas a la hora de contratar un servicio o adquirir un producto nacen de lo que verdaderamente deseamos, de nuestras necesidades reales y de nuestras determinaciones, con la elección de la pareja nos sucede lo mismo, sin darnos cuenta que el que dirige la orquesta es el inconsciente.

Nos atrae lo semejante y resonamos con aquello que reconocemos como familiar, cercano y perteneciente a nosotros y nuestro entorno.

Entonces, ¿por qué hay parejas tan distintas y esos miembros que la componen tan opuestos entre sí? Porque el inconsciente tiene un mayor poder de convocatoria, de decisión y de redirigir nuestra atención ante aquello que siente que nos falta y que puede complementarnos. De ahí el mito de la media naranja.

En todos nosotros hay aspectos, rasgos, virtudes o defectos tapados y ocultos en el saco sombrío de lo que no mostramos. Queda en ese lugar recóndito por ser vivido (no de forma consciente) como algo inapropiado, vergonzoso o inadaptado.

A lo largo de nuestra historia individual y a causa de determinadas experiencias, debimos entender que mostrar todo aquello amenazaba nuestra seguridad psicológica y emocional, que con ello poníamos en riesgo ser queridos, protegidos y aceptados. Por lo tanto, nuestro inconsciente, por si acaso, no se arriesga a sacarlo a la luz.

Lo que hará será buscar una compensación de lo que no puede darse, buscará la otra mitad de la naranja en otra parte, para acoplarse a la mitad de la naranja de otra persona. 

Lo hace para restablecer el equilibrio y para proporcionarnos una experiencia más completa.

Imagina una persona que no se permite (inconscientemente) la espontaneidad y la alegría, porque aprendió que algo así es característico de personas irresponsables. Puede que lo aprendiera de su madre, un tanto seria, muy trabajadora y que no se permitía el placer, la fiesta y el disfrute porque expresaba que ese tipo de actitudes no te llevan a nada en la vida. 

Ese niño o niña que busca la aprobación y el cariño de su madre, ¿qué crees que hará con su espontaneidad y alegría (rasgos, por cierto, existentes en cualquier persona)? 

Supongo que lo tienes claro, ¿verdad? Los tapará y anulará. O, por el contrario, se posicionará en lo opuesto, desplegando de forma exagerada y sin proporción el gusto por la alegría, el disfrute, lo placentero, no siendo capaz de conectar con la responsabilidad, el cumplimiento y la perseverancia, por ejemplo. 

De un modo u otro queda polarizada, sin integración equilibrada de todas esas cualidades que, ajustadas al momento, son brillantes.

Esta persona del ejemplo, en el ámbito de la pareja, será vulnerable de elegir o atraer personas muy responsables y serias, o bien, dicharacheras y alocadas. Dependerá de la polaridad en la que se haya situado. Irá buscando inconscientemente complemento y compensación de aquello que por él o ella misma no sabe destapar ni desplegar de su personalidad. 

Establecer una relación de pareja desde una elección inconsciente de este tipo, hace que esas dos personas mantengan una interacción desde la dependencia o la codependencia. Se necesitan mutuamente para formar una naranja completa.

Entonces… ¿Cómo escoger pareja conscientemente? ¿Cómo saber qué quiero en una relación?

Para activar un criterio consciente y realizar una buena elección de la pareja, lo primero que necesitamos es conocernos en profundidad.
La buena elección de la pareja viene del autoconocimiento, ni de la pasión, ni del inconsciente condicionado, ni desde la propia sombra.

Ese autoconocimiento, entre otras cuestiones, tiene que ver con saber de ti, de lo que habita en tu interior, de tus fortalezas y debilidades, de tus sueños y metas, de tu sentido de vida… 

Si conoces en mayor grado y profundidad estos aspectos de ti mismo, entre otros, tienes más probabilidades de encontrar a ese compañero o compañera de viaje idóneo. He dicho, idóneo, no ideal puesto que no es lo mismo. Algo idóneo tiene que ver con ser adecuado para una situación o persona, mientras que ideal tiene que ver con aquello que se acerca a la perfección.

Voy a ampliar la diferencia entre idóneo e ideal, porque es tremendamente útil para clarificar el tema que estamos tratando. 

Podemos decir que una cosa o una persona idónea existe, se encuentra en el plano de lo real, más allá de que la persona interesada en ella pueda o no alcanzarla. Por otro lado, lo ideal suele formar parte del plano de la utopía; de existir, también es posible que la persona deje de considerarla ideal una vez que se acerque a ella y conozca sus defectos. 

¿Te suena lo especificado en esta explicación aplicado al ámbito de la pareja? Seguro que sí, porque cantidad de veces hemos oído o pronunciado eso de “mi pareja ideal…”.

Conocerse adecuadamente nos acerca a personas idóneas reales y dejamos de soñar con parejas ideales utópicas

Podemos dirigir nuestra atención hacia personas idóneas cuando sabemos lo que queremos, porque conocemos quiénes somos y lo que se ajusta a nosotros, lo que puede llenarnos, satisfacernos y enriquecernos. 

¿Has jugado alguna vez con esas cartas que estaban organizadas por parejas de animales? Es decir, el león con la leona, el caballo con la yegua, etc… Las barajabas y tenías que encontrar la pareja de cada uno. No se te ocurría poner al conejo con la gallina, ¿verdad? 

Pues te aseguro que, cuando jugamos con la baraja de cartas del amor, con frecuencia se cometen esos errores. 

Qué buscar en una pareja puede parecer complicado de clarificar, de ahí la importancia de la idoneidad, la afinidad y la semejanza con ese compañero/a de vida. Porque una elección basada de partida en este criterio augura una mejor relación y más duradera.

Borrar de nuestras mentes fantasiosas el ideal de pareja desde la exigencia y apostar por elegir conscientemente y por resonancia es signo de madurez y evolución personal.

Elegir conscientemente y saber qué buscar, esperar y entregar en una relación, no lo convoca la suerte ni la magia. Amar, aman las personas no los ideales, y lo hacen desde lo que son (el autoconocimiento) y desde lo que son capaces de ser (la autorrealización).

En conclusión...

No te dejes cegar por el enamoramiento y las pasiones, viéndote arrastrado a una relación que no podrás mantener en el tiempo o por lo menos no con la calidad que requiere el ejercicio del amor. 

El desarrollo personal y la superación de nuestras heridas emocionales, mitiga el miedo a la soledad, la dependencia y el automatismo de seguir lo preestablecido. 

Embarcarte en el conocimiento de ti mismo y saber quién eres, te da la oportunidad de elegir conscientemente tus relaciones, no solo la de pareja, y saber con precisión al lado de quién quieres caminar y con quién quieres compartir tu existencia.

Dime, ¿crees que has elegido a tus parejas teniendo en cuenta lo que acabo de contarte? Me encantará leer tus comentarios 🙂

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Soy Blanca, psicóloga y terapeuta transpersonal, especializada en terapia del inconsciente. Te ayudo a crecer superando las heridas emocionales y conectando con tu sentido de vida, para disfrutar de mayor plenitud y consciencia.

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