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Cómo sanar las 5 heridas de la infancia (y ser uno mismo)

5 heridas de la infancia

Las 5 heridas de la infancia

Si te has preguntado alguna vez de dónde vienen tus dificultades personales presentes, o por qué son de una manera y no de otra, en estas líneas seguro que encuentras respuestas. Hoy quiero hablarte de las 5 heridas de la infancia, de cómo detectarlas y cómo sanarlas.

Desde la infancia arrastramos momentos dolorosos o simplemente circunstancias que fueron percibidos por nuestra mente de niño como dañinas, impactantes o no comprensibles para nuestra capacidad cognitiva y emocional. 

Nos dejaron una huella y una influencia que no se borrará hasta que no sea identificada, aceptada y sanada.

Por eso te propongo en este rato que vamos a estar juntos, ahondar en tu infancia y en las 5 heridas del alma. ¿Te atreves?

Sé que puede ser doloroso, pero te aseguro que te aportará múltiples beneficios. Es lo que hacemos en mi Escuela de Caminantes, ahondar en las claves del autoconocimiento para poder avanzar por la vida ligeros de equipaje y de cargas emocionales.

¿Cómo se detectan las heridas emocionales?

Nadie venimos de infancias felices, como algunos suelen afirmar, refiriéndose a que no recuerdan haber vivido situaciones traumáticas o eventos graves y dramáticos. Pero una infancia feliz o infeliz, no tiene que ver con eso.

Además, no se trata de definirla de esa manera, porque puede llevarnos a confusión, y las personas que afirman haber tenido una infancia feliz y son contradichos en ello, pueden sentirse ofendidas.

De lo que se trata es de identificar los acontecimientos que nos afectaron y no fueron asimilados por nuestra psique, que son los que condicionan nuestra vida de adultos determinando nuestras respuestas, la forma de relacionarnos y el modo en el que nos sentimos.

Una herida emocional se detecta por el mecanismo de defensa o máscara que activa.

Portar una máscara significa no ser ya uno mismo. Adoptamos una actitud diferente creada desde muy pequeños, creyendo que esa actitud nos protegerá de sufrir nuevamente la herida que provocó tal defensa.

Las heridas emocionales provocan reacciones automáticas y no dan lugar a una respuesta consciente, producen dolor, insatisfacción y desequilibrio emocional, psicológico y vital.

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Las cinco heridas del alma

Numerosos profesionales e investigadores coinciden en que los sufrimientos del ser humano pueden resumirse en cinco heridas.

Lise Bourbeau en su libro “Las cinco heridas que impiden ser uno mismo”, habla de las cinco heridas de la infancia. Personalmente me parece que lo hace de una forma muy acertada, y en mis años trabajando en el ámbito de la psicoterapia, he comprobado que efectivamente las personas muestran los efectos de esas heridas con sus consiguientes máscaras.

De hecho, las voy a presentar desde el enfoque de esta autora y por orden cronológico, es decir, según van apareciendo en el transcurso de la vida, añadiendo las máscaras que surgen a modo de protección de cada una de las heridas.

Rechazo
Abandono
Humillación
Traición
Injusticia
Huidizo
Dependiente
Masoquista (emocional/mental)
Controlador
Rígido

La herida del rechazo

El rechazo es una herida muy profunda, ya que quien la sufre se siente rechazado en su interior y también siente rechazo con respecto a su derecho a existir. Puede tratarse de hijos no deseados o que se deseaba que fuera de un determinado género y nació con el género contrario. Esta herida suele derivarse principalmente de la relación con el progenitor del mismo sexo.

La defensa que activará la persona con esta herida será la de mostrarse huidiza, pretendiendo no captar demasiado la atención. No suele sentirse merecedora de cariño y cuando esta persona es elegida por otra se aparta, pero cuando no lo es se siente rechazada.

Como suelen ser niños protegidos en exceso, para ellos ser amados significa sentirse asfixiados. Más adelante su reacción consistirá en rechazar o huir cuando alguien lo ame por temor a sentirse agobiado.

Nuestros estados psicológicos y emocionales se manifiestan a través de nuestro cuerpo, a modo de psicosomatizaciones, por ejemplo. De igual manera, las heridas emocionales, así como nuestra forma de ser, se reflejan en nuestra morfología del rostro y del cuerpo.

Por lo tanto, las cinco heridas de la infancia crean cuerpos con unas determinadas características, que también señalaré brevemente. En el caso de la herida del rechazo se crean cuerpos contraídos y delgados, con ojos pequeños y atemorizados.

Las personas con esta herida suelen ser perfeccionistas, intelectuales y desapegados de lo material. Se sienten carentes de valor y buscan la soledad. Tienden a hacerse invisibles y encuentran el modo de huir. 

herida de abandono
Se sienten incomprendidos y con dificultades tanto en lo sexual como para habitar su niño interior.

El mayor miedo de la persona con la herida del rechazo es el pánico. Tan pronto piense que ante una situación puede llegar a sentir miedo o pánico, intentará huir para salvarse. No enfrentará los hechos queriendo evitar problemas o desgracias que imagina.

La herida del abandono

La herida del abandono surge a raíz de sentir la carencia de muestras de afecto, especialmente con el progenitor del sexo contrario.

La máscara que protegerá a esta persona cuando se sienta abandonada o susceptible de serlo, será la dependencia.

Su cuerpo tiende a ser delgado, sin tono muscular y encorvado, de ojos tristes y atrayentes.

Expresa un carácter con rasgos de víctima, con dificultad para tomar decisiones y para aceptar un “no”. Necesita atención y apoyo. Es más inestable emocionalmente y de llanto fácil. Es mental, le gusta tener espectadores y aunque se retrae físicamente de los demás, le gusta el sexo. En realidad va buscando la independencia para poder sanar el abandono.

El mayor temor para esta persona es la soledad e intenta evitarla a toda costa.
Cuando le toca estar sola se convence de que está bien así, pero busca desesperadamente todo tipo de actividades con las que ocuparse. Su dependencia puede llegar hasta el extremo de soportar situaciones indeseables por no quedarse sola o solo.

La herida de la humillación

La herida de la humillación tiene que ver con la carencia de libertad y la sensación de humillación debido al control del progenitor.

Esta herida puede originarse a raíz de progenitores que se han avergonzado de algún comportamiento del niño/a y han censurado esa acción humillando al pequeño/a de alguna manera. O cuando hay un excesivo control cuando el niño/a realiza actividades propias de la infancia, como salir a jugar, etc…

Se originó en contacto con el progenitor que se hizo cargo mayormente del cuidado del hijo/a, que por lo general suele ser la madre.

La máscara detrás de la que se esconderá será el masoquismo. Buscará la satisfacción, e incluso el placer, sufriendo. Volverá a buscar la humillación la mayor parte de las veces.

El cuerpo de esta tercera herida corresponde a una persona gruesa, con rostro redondeado y ojos grandes, abiertos e inocentes.

herida de humillacion
La persona que ha sufrido la herida de la humillación se avergüenza de sí misma y de los otros o teme avergonzarles.

Conoce sus necesidades, pero las ignora. Controla a los demás para evitar la vergüenza. Se considera mal educada o sucia. Intenta no ser libre de verdad y si carece de límites, teme desbordarse. Es una persona hipersensible. Desea ser digna. Siente vergüenza en el plano sexual y se satisface comiendo.

El mayor temor es la libertad, porque cuando dispone de ella no sabe autorregularse, sea en el plano físico, comiendo demasiado, por ejemplo; en el terreno académico o profesional, trabajando sin medida; en el aspecto económico gastando mucho, etc.

No se cree ni se siente libre debido a las numerosas limitaciones y obligaciones que se impone.

La herida de la traición

Esta herida surge a raíz de la pérdida de confianza o expectativas no satisfechas en la conexión con el amor o la sexualidad. También tiene que ver con manipulación sufrida. El niño suele ser seducido por los padres, que generalmente están centrados en ellos mismos. El niño siente que es necesitado por los padres y desea hacer todo lo posible porque estos estén bien, sobre todo el progenitor del sexo contrario.

La máscara de la persona con herida de traición es el control. Usa este mecanismo de defensa para asegurarse de que mantendrá sus compromisos, para ser fiel y responsable o para garantizar que los demás actúen igual.

El cuerpo de esta persona será fuerte. En los hombres los hombros son mucho más anchos que las caderas y en las mujeres las caderas son más amplias que los hombros. De vientre y pecho abombado. La mirada es intensa y seductora.

La persona con esta herida se siente responsable y fuerte. No cumple sus compromisos o para hacerlo debe esforzarse. Miente a menudo. Es manipuladora y seductora. Impaciente, intolerante, con muchas expectativas y cree tener siempre la razón.

herida de traición
No muestra vulnerabilidad y le cuesta confiar en los demás.

Lo que más teme es la separación y la negación. Crea situaciones de conflicto o problemas para dejar de hablar con alguien, porque no es consciente de su propio temor. Acaba pensando que esas separaciones eran justo lo que necesitaba, ya que de esta manera se libra del sentimiento de fracaso.

El hecho de ser sociable y con facilidad para relacionarse, le impide darse cuenta del número de personas que ha sacado de su vida.

La herida de la injusticia

La sensación de injusticia se da por no poder integrar bien la individualidad y no poder expresar quiénes somos y ser nosotros mismos. La persona con esta herida sufre la injusticia principalmente por parte del progenitor del mismo sexo, que se muestra frío, es severo y critica con frecuencia al hijo.

El cuerpo que presenta esta herida es rígido y lo más perfecto posible, bien proporcionado, de movimientos también rígidos con mandíbula firme. La mirada es brillante y viva.

Esta persona mantiene un carácter perfeccionista y envidioso. Actúa para destacar y ser perfecta. Dinámica y optimista. Dificultad para pedir ayuda y para recibir. No admite tener problemas. Se exige y se controla mucho. Le gusta el orden. Rara vez se enferma. Es fría y le cuesta mostrar afecto. De apariencia sensual.

herida de injusticia
Su mayor temor es la frialdad. Le cuesta aceptar su propia frialdad y la de los demás.

Hace todo lo posible por mostrarse cálido, cree que en realidad es afectuoso y no se da cuenta que los demás le perciben frío. Se considera también una persona sumamente justa y armoniosa. Es fiel con sus amigos, aunque es percibido como seco y tenso.

¿Cómo se curan las 5 heridas de la infancia?

Cuanto más tardemos en identificar nuestras heridas y sanarlas, más se automatizarán y agravarán los efectos que producen.
El primer paso para la superación de estas heridas del alma es darnos cuenta de la máscara o el mecanismo de defensa que hemos activado.

De este modo detectamos la herida o heridas de las que venimos. En este momento es normal que se despierten sentimientos de rabia, sufrimiento y rebeldía o acusación hacia nuestros progenitores. 

Es importante dignificar la herida, ver y aceptar esa realidad, incluso entender que nuestros padres probablemente pasaron por situaciones similares con heridas muy parecidas. Podemos desarrollar sentimientos de compasión hacia ellos.

Y en el momento en que nos damos cuenta que no necesitamos máscaras, que ya no hay amenaza y que podemos ser nosotros mismos, la vida cobra otro color y significado.

Vemos la vida llena de experiencias de aprendizaje para avanzar, crecer y desarrollarnos como personas en nuestra mejor versión.

sanar heridas

¿Cómo se sana la herida del rechazo?

Quien sufre de rechazo alimenta su herida cada vez que se considera nulo, cada vez que no se ve bueno en nada, incapaz de aportar algo en la vida de los demás. Cada vez que huye de una situación refuerza más aún el sentimiento de rechazo.

Nuestra herida de rechazo se sana cuando comenzamos a ocupar nuestro lugar más a menudo y nos reafirmamos.

Cuando no nos quedamos atrapados cada vez que alguien nos ignora o parece que no somos importantes para esa persona.

Una buena señal es que cada vez se siente menos miedo y menos miedo al pánico. Y una buena receta es enfrentar esos temores y dejar de huir de las situaciones.

¿Cómo se cura la herida del abandono?

El primer paso para superar la herida del abandono es dejar de alimentarla cada vez que abandonamos un proyecto que es importante para nosotros.

Debemos evitar caer desalentados, descuidarnos o desatendernos a nosotros mismos.

Es de suma importancia enfrentar ese temor a apegarse excesivamente a los demás, dejar de abandonar y alejarse de personas queridas, buscando la soledad.

En la medida en la que se va necesitando menos atención se evita la llamada de la misma desde la enfermedad y otros comportamientos dañinos.

De esta manera cada vez nos sentimos mejor con nosotros mismos cuando estamos solos y no se busca llamar la atención o buscar compañía. La vida ya no resulta tan dramática. Hay deseos a la hora de emprender proyectos aún sin el apoyo de los demás.

¿Cómo sanar la herida de la humillación?

Cuando nos rebajamos o nos comparamos con otros menospreciándonos, estamos hurgando en esta herida y será más difícil su curación.

Actitudes de humillación con nosotros mismos consistirían en ponernos ropas que no nos favorecen y ensuciándonos, por ejemplo, o castigando el cuerpo con exceso de comida y bebida.

Perpetuamos la herida cuando continuamos asumiendo responsabilidades de los demás, privándonos de libertad y tiempo para nosotros.

La herida de la humillación va sanándose cuando comenzamos a reconocer nuestras necesidades, por lo que habrá menor peso y más tiempo y espacio disponible.

Dejamos de ponernos límites y de creer que somos personas molestas:

Ocupamos nuestro lugar de forma adecuada y respetuosa con nosotros mismos.
curar heridas emocionales

¿Cómo llegar a sanar la herida de la traición?

Cuando permanecemos anclados en la herida de la traición nos seguimos mintiendo, creyendo lo que es falso y no cumpliendo con los compromisos adquiridos con nosotros mismos.

Continuaremos castigándonos al pretender hacer todo por nuestra cuenta, porque no confiamos en los demás y por lo tanto somos incapaces de delegar.

El aprendizaje consiste en confiar, soltar, permitir que los demás también intervengan y disfrutar mucho más del proceso.

Moderar el modo en que vivimos nuestras emociones, atender nuestras necesidades y no ceder en todo momento solo porque alguien haya querido variar los planes, es un excelente punto de partida para la sanación de esta herida.

Dejamos de estar sujetos a los resultados y a que todo suceda según lo planeado.

Liberarnos de ser el centro de atención, aún cuando conseguimos logros y no necesitar del reconocimiento siempre, es un signo de que estamos avanzando para liberarnos de la máscara del control.

¿Cómo se llega a la curación de la herida de la injusticia?

Cada vez que somos muy exigentes con nosotros mismos estamos alimentando la herida de la injusticia. Respetar nuestros límites y aprender a relajar las tensiones es un punto de partida para la recuperación. 

Lo que continuaría sería el hecho de aprender a reconocer nuestras cualidades alejándonos de la crítica. Ampliar la mirada y no solo ver los errores, sino también los aciertos y los logros.

Conectar con el placer y el disfrute es esencial para las personas alejadas de una vida con capacidad para fluir y dejarse llevar.

Alejarse del perfeccionismo para acercarse a la excelencia es sanador en sí mismo. Ya no hay crítica ni frustración cuando se comete un error o cuando una tarea no sale como se esperaba.

Mostrar la sensibilidad y llorar delante de otros, no solo es sano, sino que es liberador. Cuando se sufre de la herida de la injusticia, mostrarse vulnerable y abrirse a los demás con honestidad, supone un antes y un después.

curar heridas de la infancia

Sé que no es fácil mirarse a uno mismo, que se activan defensas, miedos y resistencias que lo impiden. Puede que sea más sencillo cerrar los ojos al alma para no ver sus heridas, porque duelen demasiado. Pero taparlas con máscaras no las cura, solo las perpetua.

Una vida de apertura a la consciencia, abriéndonos a ver, a sentir, a identificar, a aceptar y con todo ello sanar, puede que no sea el camino más corto, pero sí el que te llevará más lejos.

El autoconocimiento y el desarrollo personal, claves para una vida plena, comienzan por la curación de las 5 heridas de la infancia, aquello que comenzó a determinar y decidir por nosotros quiénes somos.

Las personas que se empoderan, como lo están haciendo aquellas que forman comunidad en nuestra Escuela de Caminantes, tienen claro que mirar dentro despierta su consciencia.

Recupera tu esencia, sé tú mismo, porque en ti y no fuera está todo tu potencial y tu capacidad para vivirte más feliz o con mayor bienestar.

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Soy Blanca, psicóloga y terapeuta transpersonal, especializada en terapia del inconsciente. Te ayudo a crecer superando las heridas emocionales y conectando con tu sentido de vida, para disfrutar de mayor plenitud y consciencia.

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