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7 aspectos fundamentales para una comunicación positiva en pareja

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Seguro que has oído más de una vez lo importante que es mantener una buena comunicación con tu pareja. Probablemente lo entiendes y lo compartes, pero, ¿cómo conseguirlo?.

En este artículo te doy 7 claves para que lo consigas.

Antes de meternos de lleno con la receta para mejorar la comunicación con tu pareja, voy a explicarte qué es la comunicación no violenta, ese estilo de comunicación al que a mí me gusta llamarle comunicación positiva.

La comunicación no violenta

La Comunicación No Violenta fue desarrollada por Marshall B. Rosenberg, Doctor en psicología clínica, educador y un reconocido mediador en conflictos internacionales.

¿Qué pretendía Marshall Rosenberg con la Comunicación No Violenta?

Rosenberg buscaba con este enfoque aportar más comprensión y compasión a las relaciones humanas. Era consciente de los efectos negativos que generan las etiquetas y los juicios de valor, y por ello estaba convencido que se podía crear un mundo más pacífico eliminando un lenguaje que genere culpa, vergüenza, juicios, crítica y exigencias. Porque todo esto contribuye a la violencia en las relaciones humanas.

Con la Comunicación No Violenta aprendemos a escuchar nuestras propias necesidades, las más profundas y las de las demás personas.
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Esta comunicación no violenta, o comunicación positiva, como me gusta referirme a ella, pone el énfasis en la escucha profunda, tanto a nosotros como a los demás. De hecho, nos ayuda a descubrir la profundidad de nuestra propia compasión.

Hola, soy Marshall Rosenberg

Al final los seres humanos estamos tratando de honrar los valores y necesidades universales en cada una de nuestras interacciones, o al menos, es lo que deberíamos hacer, acercarnos al máximo a un tipo de comunicación así.

El primer paso frente a la comunicación es mirar en nuestro interior, descubrir lo que vibra dentro de nosotros, explorar nuestras necesidades, que al final son las que nos mueven a actuar. Necesitamos entrenar esa mirada hacia nuestro interior para comprender mejor lo que sucede en ese espacio a veces desconocido, cuando tendría que ser el lugar que mejor conozcamos.

A través de la práctica de esa comunicación positiva, podemos aprender a aclarar lo que estamos observando, qué emociones estamos sintiendo, qué valores queremos vivir y qué queremos pedirnos a nosotros mismos y a otras personas para enriquecer nuestras vidas.

La comunicación no violenta parte de expresarnos con plena honestidad y esto implica tener claridad primero, para poder dar claridad después.

¿Cómo alcanzamos claridad?

Observando los hechos, las reacciones, gestos concretos, etc…, y observando cómo afecta todo esto en nuestro bienestar, en lo que ocurre en una situación concreta, qué dicen o hacen los demás, pero, y esto es fundamental, sin juzgar ni evaluar a las personas implicadas en la interacción concreta que estemos estableciendo.

Alcanzamos claridad cuando somos capaces de indagar en cómo nos sentimos una vez que hemos realizado esa observación sobre la situación concreta y sobre los demás.

Nos da claridad el hecho de identificar las necesidades que se han despertado a raíz de los sentimientos que hemos descubierto al mirarnos.

Y después del descubrimiento de esas necesidades, llega el saber formular una petición clara y específica sobre lo que esperamos que la otra persona haga, lo que nosotros debemos hacer para llegar a acuerdos, cooperar o enriquecer esa interacción.

Pero no solo basta con obtener y dar claridad, en toda comunicación no violenta y positiva, la escucha empática está presente.

Esta escucha consciente y empática consiste en conectarnos de verdad con la otra persona, con la voluntad de entender, ver e imaginar previamente lo que puede estar diciendo, más allá de sus palabras y conductas.

Para todo esto, primero observamos los hechos concretos, escuchamos, valoramos el motivo que está originando que la otra persona esté respondiendo como lo hace… Y luego “imaginamos”, y lo escribo entre comillas, porque me refiero a que imaginamos los sentimientos que puede estar teniendo, captamos las necesidades que parece mostrar y una vez hecho todo esto, entonces dejamos de imaginar, suponer o interpretar, eso es un paso previo mientras escuchamos y no interrumpimos con comentarios y preguntas.

Ahora nuestra labor es contrastar con la otra persona si lo que hemos captado es correcto. Lo podemos hacer realizando un resumen de lo entendido y que la otra persona nos confirme si la comprensión ha sido buena.

En definitiva, la comunicación positiva o no violenta, tiene que ver con expresarnos con libertad, sin presión y de forma honesta, teniendo en cuenta los sentimientos de los demás y buscando la empatía con la otra persona.

Cuando utilizamos una comunicación positiva somos capaces de expresar las ideas de forma clara, pero sin afectar o dañar las sensibilidades de los demás, ni las nuestras.

¿Te han dicho alguna vez eso de “no es lo que dices sino cómo lo dices”? No solo es importante el contenido, lo que queremos decir, sino la forma de expresarlo.

A veces estamos tan centrados en lo que queremos decir que no cuidamos la manera y no nos ocupamos de expresarnos de tal modo que la persona que nos escucha pueda abrirse a lo que le decimos. A veces, más de las deseables, conseguimos todo lo contrario. Queremos expresar algo para ser escuchados, para que se comprenda y se atienda nuestra demanda, pero por nuestras formas bruscas o porque criticamos y juzgamos bloqueamos la comunicación y la pareja se acaba cerrando.

Si practicas una comunicación positiva vas a obtener muchas ventajas como la empatía, el entendimiento, una convivencia mejor con tu pareja… y vuestras conversaciones, e incluso cuando tengáis que resolver un conflicto, lo haréis de una forma más cómoda y más satisfactoria.

Al final lo que queremos es que nos escuchen, ser reconocidos, que nos comprendan…, y para que todo esto suceda debemos ser responsables primero de aportar esa positividad, generosidad y empatía nosotros mismos.

7 aspectos fundamentales de la comunicación positiva en pareja

Para que puedas practicar la comunicación positiva, y para cumplir con lo prometido, te voy a explicar 7 aspectos a tener en cuenta para que puedas comunicarte de una forma más eficiente con tu pareja. ¡Vamos allá!

Clave 1: Escoge el mejor momento, lugar y canal para comunicarte

Tanto si se trata de una conversación o de un mensaje más trivial como si se trata de un tema importante, escoge el mejor momento y forma de comunicarte.

Para empezar, te pongo un ejemplo, si quieres que tu pareja esté más pendiente de las tareas del hogar que le corresponden, porque ha dejado la cocina sin recoger, no se lo digas cuando ese día llega del trabajo estresado y cansado. Sé que la distribución de las tareas del hogar es algo importante, pero tampoco es un tema de suma relevancia, sin embargo, ¿a que en el ejemplo se ve claramente que el momento a elegir también es importante?

Vamos a profundizar un poco más… Hablar de un tema difícil con tu pareja es siempre un momento complicado que, por norma general, causa mucha ansiedad previa.

Debes tener claro qué es exactamente lo que quieres comunicar y evitar malos entendidos, estar preparado y con una disposición emocional adecuada para que el otro entienda lo que vas a decirle.

Para facilitar todo esto, pide a tu pareja un momento para hablar. No llegues con el tema que quieres tratar sin que el otro esté sobre aviso de que es algo importante.

El factor sorpresa no ayudará en esta ocasión. Dile que quieres charlar de algo, pero díselo de la forma en que sepas que le generará menos ansiedad. La típica frase “tenemos que hablar”, no es la más adecuada. Genera incertidumbre, más probabilidad de anticipaciones y temor. Lánzale un titular de forma clara y expresa para hacerle partícipe desde el principio del tema a tratar. Intenta que desde que le propones hablar hasta que se dé la conversación, no transcurra demasiado tiempo.

Ahora que ya has definido un momento específico, falta buscar el lugar. Es mejor que sea un lugar tranquilo y sin riesgo de interrupciones. No habléis con la televisión encendida, la radio o cualquier otro elemento de distracción. Si tenéis hijos procurad que no estén o que permanezcan entretenidos y cuidados durante un rato lo suficientemente largo como para que puedas hablar con tu pareja.

También es una buena idea ir a dar un paseo por un lugar tranquilo. Si tienes cerca de casa un bosque, un parque sin mucha gente o algo similar, úsalo en esta ocasión.

Si puede llegar a ser una conversación intensa y se van a mover muchas emociones, mejor no hacerlo en casa o en un lugar cotidiano para vosotros, ya que ese lugar quedará cargado de esa energía y os resultará más complicado variar el estado y las emociones si tenéis que permanecer en él, por ejemplo, si se trata de vuestra habitación.

Otro detalle importante, asegúrate de tener con tu pareja la cercanía física suficiente, pero dejando el espacio personal que cada uno necesite. Si sabes que tu pareja en momentos de tensión le agobia la cercanía y el exceso de contacto, igual no es momento de hablarle mientras le sostienes la mano o le tocas. Si por el contrario a tu pareja le ayuda la cercanía física y la calidez cuando habláis de algún tema serio, intenta que se sienta cómodo o cómoda en este aspecto.

Y que no te puedan las prisas o las exigencias, sé paciente y espera el momento oportuno, ese en el que sabes que tu pareja se mostrará más receptiva, que se dispone del tiempo necesario para hablar y que no estáis alterados, enfadados o tristes por otras cuestiones.

Para conseguir esa comunicación eficiente y positiva, no solo es importante escoger el momento y lugar adecuado, también es muy importante escoger el canal a utilizar.

Voy a comenzar poniéndote un ejemplo, porque creo que nos vamos a entender enseguida.

¿A que no pedirías un aumento de sueldo a tu jefe cuando está saliendo del trabajo y en mitad del parking cuando ya se está metiendo en el coche?, ¿a que tampoco lo harías por WhatsApp o escribiéndole una nota que dejas sobre su mesa del despacho? Estoy convencida que esto te parece evidente, pero que no lo es tanto cuando se trata de tu pareja y de vuestras conversaciones.

El WhatsApp o un canal similar es uno de los peores medios para hablar de cuestiones importantes. Quita espontaneidad y es más probable que surjan malos entendidos e interpretaciones. Además, por muchos emoticonos que existan, no se pueden transmitir de igual manera las emociones y estados de ánimo.

¡Prohibido discutir por whatsapp! Intenta que la mayoría de tus conversaciones sean en persona. Te permitirá mirar a tu pareja a los ojos y conectar en mayor medida.

Afrontar una conversación de tú a tú, conlleva mayor entrenamiento en habilidades sociales, asertividad y empatía, que son aspectos esenciales en una relación de pareja.

A veces se usan los mensajes de texto y similar para esconderse, para no afrontar un contacto directo, para no exponernos, para poder huir de la conversación si sentimos miedo o no nos sentimos capaces, para ahorrarnos la tensión o el dolor, porque no queremos asumir responsabilidades o no queremos escuchar la perspectiva del otro.

Ten en cuenta que escoger un momento u otro, usar uno u otro canal para mantener esas conversaciones, las importantes y las más cotidianas, puede determinar el resultado de esas charlas.

Y para acabar con relaciones de pareja sin comunicación, no solo es importante escoger momento y canal adecuado, sino que es primordial abrir espacios para la charla y el intercambio. Suele venir bien apagar de vez en cuando la televisión e iniciar conversaciones. La ventaja que se obtiene es la de conocer más a la pareja y profundizar en mayor medida en vuestras emociones.

Clave 2: Elige qué decir y cómo expresarlo

Para que puedas estar más cerca de una comunicación positiva, si partes de ser consciente de tus emociones y de cómo quieres expresar tus disgustos, propuestas y deseos, será más sencillo y probable que cuides también de los sentimientos de la pareja y que tengas en cuenta también sus necesidades.

Probablemente des por sentado que cuando quieres decir algo, lo tienes claro y vas a saber transmitirlo adecuadamente a la pareja o a la persona con la que estés hablando en ese momento. Parece obvio, pero no lo es tanto.

Antes de hablar lo primero es escuchar, pero antes incluso de escuchar y hablar, lo importante es tener claro qué sientes, qué necesitas, qué quieres expresar, cuáles son las emociones que te embargan…

Tener en cuenta todos estos aspectos mencionados puede parecer mucho a considerar, y es verdad, pero son de vital importancia para que puedas pararte a reflexionar cómo quieres explicar y expresar lo que piensas y lo que sientes.

Tanto si tienes que hablar de algo importante como si es algo con menos relevancia, necesitas desarrollar “presencia”, es decir, pararte en ti, mirarte.

Imagínate que quieres decirle a tu pareja que este mes ha realizado muchos gastos, o que tus amigos han cambiado el plan y ya no puedes quedar, o que últimamente te notas más desmotivado en la relación.

¡Escúchate primero! Observa cómo te sientes ante estas situaciones, para que durante la conversación no te pillen por sorpresa tus propias emociones.

Quizá pensabas que no te había molestado tanto que en los últimos meses ha gastado mucho o que te sería fácil hablarle de tu desmotivación en pareja, pero te das cuenta que no te resulta sencillo.

No solo es necesario escuchar a la otra parte, también es necesario escucharte a ti mismo. De esta manera, evitas un mensaje confuso, no directo, irte por las ramas o ser tan directo que resultes brusco, o que esas emociones revueltas se adueñen de ti y tomen el protagonismo en la conversación.

Seguro que, en tu relación de pareja, o cuando la hayas tenido, o en esa relación de pareja que está por venir, se van a presentar tensiones y discusiones.

Si en una discusión no hay consciencia de lo que se siente y de lo que se quiere expresar, es mucho más probable que acabe en pelea.

Es probable que tú mismo te veas arrastrado por emociones como la rabia, la tristeza, la frustración… Recuerda que si las emociones se ponen al mando es seguro que la comunicación adecuada y positiva no llegue. Manda el impulso, los reproches, la falta de escucha y la falta de comprensión del otro.

Por eso es tan importante centrarnos en nosotros mismos primero, situarnos en la cualidad e intensidad de nuestras emociones y en reflexionar sobre lo que quiero expresar.

Y no hace falta que te pares a reflexionar durante horas y horas, me refiero a esa parada, a ese “stop”, a esa pequeña reflexión de segundos o minutos que te ayuden a evitar el impulso, el reflejo defensivo y el reproche o acusación automática hacia el otro.

Escuchar tus emociones, leer tus pensamientos y acompasar tus necesidades o propuestas a las de la pareja, puede parecer complicado al comienzo, pero con entrenamiento y hábito puedes cambiar esa dinámica de explosiones, de estar cerrado y cabezota en lo tuyo, de reprimir por miedo lo que quieres expresar… por darte el permiso de atender y reconocer previamente tu sentir para conciliarlo con el sentir de la persona que tienes delante.

Clave 3: Cambia las quejas por deseos

Quejarse demasiado crea mal ambiente, genera estrés y nos vuelve pasivos evitando que busquemos soluciones. No se trata de reprimir nuestro malestar, sino expresarlo de otra manera cuando sentimos la necesidad de lamentarnos por algo.

La queja forma parte de la vida y los seres humanos tendemos a ella. El problema surge cuando nos quejamos por hábito y en exceso.

La queja es una forma de canalizar el dolor, la pena o la molestia que se siente, nos sirve de desahogo y nos ayuda a compartir lo que estamos experimentando.

Visto de esta manera puede ser útil, pero cuando se convierte en una forma de afrontar los problemas sin tomar acción, pensando que el mero hecho de quejarse ya resuelve la situación por el alivio que se siente de forma momentánea, es un error.

Lamentarse en sí mismo no es efectivo, todo depende de cómo se utilice.

Puede tratarse de una queja funcional, las que nos ayudan a recibir atención y apoyo cuando es necesario, y a poner foco en lo que no está bien para solucionarlo.

Pero también se da el caso de la queja disfuncional. Se trata de esa queja que no persigue una solución, cargada de negatividad y que produce malestar y estrés a la persona que la emite y a las personas que le rodean.

Una queja adecuada y útil sería la de reclamar en el autobús en el que se viaja que hace mucho frío y decírselo directamente al conductor. Una queja improductiva sería la de quejarse con la pareja durante todo el viaje o quejarnos cuando este ha finalizado y ya nos hemos bajado del autobús.

¿Cuál es entonces la diferencia entre una queja vana y una crítica constructiva?

En mi opinión una crítica es una crítica. Además, si no se expone de una forma adecuada, entonces si que no tendrá nada de constructiva.

Para que una crítica pueda ser “constructiva”, debemos asegurarnos de que no suena como un juicio, una evaluación o una queja. Para que esto suceda así, lo primero a tener en cuenta es apoyarnos en datos objetivos y alejarnos de suposiciones e interpretaciones cargadas de juicios.

A nadie nos gusta que nos evalúen y nos digan cómo hacer las cosas, pero si nuestra pareja nos habla con la intención de mejora y cooperación, y nosotros nos abrimos a recibir la observación de la otra persona, sin sentirnos agredidos o cuestionados, la cosa cambia.

Una de las claves para conseguir salir de la queja o de expresar críticas dañinas, es el uso de una comunicación asertiva. Es importante la voluntad plena de entender a la otra persona y no estancarnos en nuestra posición de forma rígida, ser claros y directos, pero seleccionando decir solo lo que aporta algo de verdad y cuidar el modo de expresarlo.

Un enfoque centrado en buscar soluciones, expresar lo que nos molesta sin lamentaciones y hacernos responsables de lo que hacemos y decimos, en vez de culpabilizar a los demás, nos aleja de dinámicas de relación negativas.

La queja constante es una gran enemiga en cualquier ámbito o contexto. Personalmente, en el ámbito laboral desaconsejo ir a descansar allí donde se reúnen los amantes de la queja, aquellos que constantemente se están quejando de las tareas, de los responsables, de otros compañeros… en fin, un desastre, pero sobre todo un veneno. No contribuyas a más dosis de cianuro.

En el ámbito de la pareja, ocurre igual. La queja es un veneno que acaba con el amor, el deseo, el bienestar y las ganas. Nadie queremos estar con personas que se quejan constantemente. Y pocas personas querrán estar con nosotros si nos movemos en esa energía, excepto aquellos que se retroalimentan de ella.

Partiré de un ejemplo para ver la diferencia entre emitir una queja y un juicio de valor contra la pareja, a proponer lo mismo, pero desde la comunicación positiva y desde la propuesta y el deseo:

Queja:    “Eres muy aburrido, no propones nada.”
Deseo:    “Me gustaría que hiciéramos algo distinto este fin de semana.”

La diferencia es clara, ¿verdad? Y te daré otro truco: no añadas “peros”. Nuestra mente se queda con lo que va detrás del “pero”, es decir, si yo te digo: “me gusta mucho el puré que has preparado hoy, pero le faltaba sal”, te vas a quedar con que el puré estaba soso y no con lo mucho que me ha gustado.

Y si añades un “pero”, hazlo de la siguiente manera: “me hubiera gustado algo más de sal en el puré, pero estaba francamente bueno”, es decir, poniendo detrás del “pero” lo positivo para que la mente se quede principalmente con ese mensaje. Puedes también formular una propuesta o deseo: “me gustaría con más sal la próxima vez… el puré estaba riquísimo”.

Ten en cuenta algo muy importante. Por naturaleza, las personas tendemos a construir una opinión del otro en base a nuestras creencias, valores y experiencias previas. Esto conduce a que, en el momento de la escucha, se emitan prejuicios que pueden distorsionar el mensaje. Y a partir de aquí, es habitual que en las relaciones de pareja se emitan juicios de valor y críticas.

No extraigas conclusiones precipitadas sobre tu pareja y no olvides que todo prejuicio implica un error por falta de conocimiento. Esto es precisamente lo que te propongo que reinviertas. Cambia las críticas y juicios de valor por deseos, opiniones y propuestas.

Clave 4: Expresa lo bueno y lo malo

Quizá estés pensando que para mantener una comunicación positiva no se puede expresar aquello que te disgusta, que te enfada o te decepciona. Precisamente una comunicación positiva permite hacerlo, pero cuidando de uno mismo, del otro y de la relación.

De hecho, poner sobre la mesa las diferencias y los conflictos para poder abordarlos y solucionarlos fortalece las relaciones, pero hay que saber hacerlo bien, como con todo.

No es cuestión de entrar en peleas, sino de discutir de una forma adecuada y con una meta útil. La primera meta debería de ser la de entenderse para poder llegar a acuerdos y no la de imponer nuestro criterio.

Echar mano de la asertividad siempre ayuda, y en los casos en los que sentimos que la conversación puede ser complicada o más tensa, todavía con más razón.

La asertividad nos da la capacidad de transmitir opiniones, creencias o sentimientos de forma eficaz y sin sentirse incómodo, dando espacio y reconocimiento para que la otra persona también se exprese de la misma manera.

Como ves, el comportamiento asertivo es mucho más que exigir de los demás el respeto de nuestros derechos o impedir que los demás nos manipulen. Ser asertivo consiste en comunicar a otros quiénes somos, qué hacemos o qué esperamos.

Esto a la hora de comunicar tanto lo bueno como lo malo, es un excelente punto de partida y aumenta las posibilidades de conseguir lo que deseas.

Imagínate que no has disfrutado nada de los planes del fin de semana con tu pareja y se te nota molesto o de bajón. Es un ejemplo sobre algo de carácter más negativo que es importante expresar, porque además se te nota y probablemente la pareja te pregunte por tu estado de ánimo. No tiene ni idea qué te sucede y no hablar puede empeorar las cosas.

Cuenta lo que te pasa y lo que sientes, pero no lo hagas desde la queja, la crítica o el juicio valor contra tu pareja y los planes escogidos. Habla de ti, de tu perspectiva, de lo que te gustaría hacer el próximo fin de semana y explica lo que te gustaría que cambiara a modo de propuesta y solución.

No tienes por qué reprimir, callar o dejar pasar aquello que no te ha gustado, aquello que te incomoda, porque lo que guardamos se almacena de un modo acumulativo y no todo es posible drenarlo por nosotros mismos o que desaparezca con el tiempo.

De hecho, eso de “el tiempo lo cura todo” es un mito, el tiempo no cura nada si no se hace algo con ello.

En el lado opuesto de la asertividad se encuentran la agresividad y la pasividad, conductas que dificultan una comunicación tranquila y eficaz.

Estamos siendo agresivos en nuestra comunicación, cuando imponemos, cuando elevamos el tono de voz o gritamos, cuando no tenemos en cuenta lo que la pareja tiene que decir, cuando no empatizamos con sus necesidades o deseos. Pienso que estas son razones suficientes para vernos agresivos y hostiles.

Pero caer en la pasividad y quedarte ahí, no facilita en absoluto la comunicación. Entender que por callar lo malo molestará menos, o que por aceptar lo que tu pareja dice o quiere, todo será más fácil, es un error.

Uno de los aspectos que definen una relación sana es que existen unos límites bien establecidos y el derecho a defenderlos cuando estos se quebrantan.

Enfrentar el miedo a decir “no” y hacerte respetar cuando algo te ofende o te agrede es vital para el mantenimiento de una buena relación, pero no es necesario que para ello levantes un muro en el caso de la pasividad, o emprendas una batalla en el caso de la comunicación agresiva.

Muestras tus opiniones, tus necesidades y deseos, expresa lo que te gusta y te disgusta, porque de esta manera estarás construyendo una relación honesta y sincera, te das a conocer y refuerzas tu autoestima.

Clave 5: Reforzar y agradecer lo positivo

No puedes cambiar a tu pareja, bienvenido y bienvenida a la realidad, pero sí puedes contribuir a que sea su mejor versión. Incluso hacerlo en tu beneficio, y esto no es egoísta.

Si tu pareja y tú estáis inmersos en un proceso de terapia de pareja para solucionar algunas dificultades en vuestra relación, o simplemente os habéis propuesto y comprometido entre vosotros a mejorar aquello que sentís que no marcha demasiado bien, es muy importante que os reforcéis y agradezcais según vais viendo cambios y progresos.

Si no, es más probable que esas mejoras que podáis lograr no perduren en el tiempo o se pierdan.

Para ello te propongo que ante esas conductas que te agradan, esos pequeños o grandes cambios que ves, cuando tu pareja se esfuerza, aunque no llegue, ¡adelante!, ahora es momento de decirle lo bien que te sientes con todo ello, lo mucho que agradeces su esfuerzo y su motivación, y cuánto significa para ti que haga todo eso a favor de la relación.

¡No te quedes corto!

Y por favor, deja de lado las típicas expresiones: “eso es lo que tienes que hacer”, “no es para tanto”, “es tu obligación”, “encima esperas que te dé las gracias”, “yo lo hago por ti siempre”…

No voy a seguir poniendo ejemplos para no dar ideas.

Esos cambios que veas no supongas que son actitudes lógicas y esperables dentro de una relación de pareja, aunque sea así. Da las gracias por haber recibido ese comentario, ayuda o actitud cariñosa de tu pareja, incluso en los pequeños detalles.

No es necesario que se trate de un gran favor, agradece también esos pequeños gestos, esas cosas que sabes que hace para agradarte o favorecerte. Aunque no se trate de la gran expresión de amor o cuidado, pero es el gesto, comportamiento o actitud que sabe entregar desde su modo de relacionarse contigo.

Habitúate a hablar desde el agradecimiento y la amabilidad: “me ha gustado mucho el abrazo que me has dado hoy”, “gracias por haber preparado la cena, aunque no te tocaba”, “me ha calmado mucho que me escucharas antes”.

Recuerda que una pareja se sustenta desde el refuerzo y no desde el esfuerzo. Aquello que se refuerza, que se agradece y que se resalta, vuelve a darse. No hay nada más motivador que unas palabras positivas y de reconocimiento.

Además, no olvides que el agradecimiento es una de las energías más poderosas.

Clave 6: Tu pareja no es vidente

Como suelo decir el amor no trae incluida la capacidad de “leer la mente” de la pareja: tu pareja no trae incorporada una bola de cristal.

Te habrá pasado en más de una ocasión el haberte sentido frustrado o decepcionado porque la pareja no intuyó lo que pensabas. Diste por supuesto que se anticiparía a tus necesidades o que reconocería fácilmente tu estado de ánimo, pero todo esto no sucedió.

Y después llegaron los reproches, los conflictos e incluso alguna pelea.

La responsabilidad de que nuestro mensaje llegue a la otra persona es nuestra y el compromiso de comunicarnos lo mejor que sepamos, también.

Acostúmbrate a expresar de forma clara y directa lo que piensas, esperas y necesitas, lo que es importante para ti y los límites que no quieres que se traspasen. Por mucho que os conozcáis o creas que así es, puede que queden rincones y esquinas en cada uno de vosotros que no habéis mostrado o visto del otro.

Piensa incluso, las veces que te has perdido algo por esperar que saliera de él o de ella, o en las veces que has pronunciado la típica frase: “claro, ahora me lo das porque yo te lo he pedido”. Es decir, que primero esperas algo, no lo expresas, pero la pareja te lo ofrece y lo acabas rechazando porque no ha salido de él o de ella. Bastante confuso, ¿verdad?

Cuando pedimos algo que deseamos y nuestra pareja nos lo da, porque así quiere hacerlo, ¿qué hay de malo en ello?, ¿por qué necesariamente tenía que haber salido de él o ella? Son ideas preconcebidas que en el día a día y en las relaciones de pareja no son nada prácticas.

Además, ten en cuenta que lo primero que tienes que clarificar es lo que quieres realmente: que sea más cariñoso, que tenga más iniciativa, quieres más actividad sexual… Y después de tener claro qué necesitas, pídelo.

Te doy dos pautas llegado este momento:

  • Habla desde ti, es decir, en primera persona, “yo quiero”, “me gustaría”, “para mí es importante tal cosa”.
    Sé concreto en tu petición, no generalices, ni divagues, ni des rodeos.

Te pongo un ejemplo. Le dices a tu pareja: “me gustaría que me tuvieras más en cuenta”. Esto es vago e impreciso. Cámbialo por: “me gustaría que los fines de semana hiciéramos más planes juntos”, y si añades una propuesta con una actividad que te gusta, entonces lo bordas.

Y otra cosa importante, no te dé reparo pedir lo que necesitas porque tu pareja tiene la libertad de decirte que no. Abrid ese lugar para ser honestos. Si ante una negativa se monta una pelea o un drama entonces no os atreveréis a ser sinceros entre vosotros.

Por supuesto, sé realista en tus peticiones o propuestas y ajústate a lo que sabes que es viable en tu relación. No pidas a tu pareja algo que le va a resultar muy costoso o que va en contra de su forma de ser.

Por ejemplo, pedir a tu pareja que es bastante sedentaria que salgáis en bici a recorrer muchos kilómetros o por rutas complicadas. O a una pareja que carece de iniciativa que sea una persona proactiva, porque no va con su naturaleza. Podrás pedirle de forma concreta, que tome la iniciativa al proponerte un plan de fin de semana por lo menos una vez al mes.

Puede parecer complicado al principio si no tienes el hábito de expresar tus necesidades, porque igual no lo aprendiste de pequeño, o quizá por inseguridad o por miedo, pero es cuestión de proponértelo y atreverte.

Empieza a practicar desde ahora, tu relación ganará en transparencia y satisfacción.

Clave 7: Cuida de las emociones en pareja

Comernos la cabeza, entrar en bucle, rumiar no nos lleva a nada y se convierte en una tarea inútil.

A veces o muchas veces, hasta llegamos a compartirlo con otras personas, cargando a nuestros seres queridos con cantidades ingentes de pensamientos, conclusiones, historias y dramas que les acaban cansando. Hasta corremos el riesgo de que estas personas en cierta medida se alejen.

Está bien expresarnos y compartir nuestros sentimientos, pero cuando se hace de forma constante y masiva, puede convertirse en una tortura para la otra persona, en este caso tu pareja.

Un error habitual entre las parejas es contarse de forma habitual todas sus tensiones, dificultades y atascos del día, lo que contribuye no tanto al desahogo sino a cargar el ambiente. Al final ambas personas terminan tensas y un tanto agobiadas.

Aquí nos topamos con una diferencia entre sexos. Mientras a los hombres les cuesta más y les gusta menos compartir sus sentimientos, a la mujer le ocurre todo lo contrario, se desahoga hablando y puede llegar a excederse.

Lo ideal es encontrar un equilibrio entre ambas actitudes, contándose las cosas importantes y no redundar en lo que no lleva a nada o en lo estresante.

Cuida por tanto de ese clima emocional no abusando de conversaciones en las que abunda la queja, la crítica, la negatividad, los problemas de otros entornos y con otras personas, etc.

Limita el tiempo para este tipo de conversaciones. Dedica solo unos minutos y pon fin, sobre todo a temas que son reiterativos y en los que solo entras en bucle, cansándote y cansando a la pareja, sobre todo si no se da solución.

Si es tu pareja quien intoxica el ambiente, explícale con amabilidad cómo te sientes ante ese tipo de conversaciones alrededor de lo negativo, si son reiterativas y si ves que no busca una solución de forma activa. Proponle un tiempo de escucha para ello y que después hablaréis también de otras cosas.

Cuida tanto la cantidad, no te excedas hablando, como la calidad de tus conversaciones, no caigas en la negatividad y la queja. Observa dónde centras tu atención, y por lo tanto de lo que estás eligiendo llenar tu hogar y tu tiempo de charla con la pareja.

Pero no solo es importante lo que eliges para conversar con tu pareja o para compartir en vuestros espacios juntos, sino que algo a tener en cuenta también es el tipo de actividades que elegís para pasar el tiempo de ocio.

Cuidarás también de las emociones propias y de la calidad de la relación si pones atención en compartir espacios que te faciliten a ti y a tu pareja generar emociones más expansivas y agradables, es decir, espacios en los que os sea fácil divertiros y relajaros.

Combatid las tensiones e incluso el estrés diario con esos momentos o actividades. Practicar un hobby juntos, como puede ser el baile, o algún deporte que os veáis capaces de llevar a cabo los dos, o proponeros una meta o proyecto juntos, puede ser interesante, nutritivo y enriquecedor para vuestra relación. Os ayudará a romper la monotonía, generando experiencias nuevas y con ello también nuevas sensaciones y emociones.

Cuida de las emociones que pones sobre la mesa, porque es de lo que alimentas tu relación.

Después de entender qué es la comunicación positiva o no violenta y de habernos adentrado en 7 claves fundamentales para mejorar tu relación de pareja, ya sabes lo que queda: ¡ponerlo en práctica!

Al mejorar la comunicación fortaleces uno de los pilares básicos y te sentirás más seguro para compartirte y entregarte a otra persona. También te verás más diestro a la hora de resolver conflictos y llegar a acuerdos.

En definitiva, la mejora se extenderá a otros ámbitos, generando sentimientos más positivos en tu relación.

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Soy Blanca, psicóloga y terapeuta transpersonal, especializada en terapia del inconsciente. Te ayudo a crecer superando las heridas emocionales y conectando con tu sentido de vida, para disfrutar de mayor plenitud y consciencia.

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